HASTA SIEMPRE, PRESIDENTE FUNDADOR, DOCTOR ALCIBIADES HORNA FIGUEROA

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Alcibiades Horna Figueroa, doctor en Medicina y reconocido empresario, tenía una gran pasión: la educación. La consideraba una actividad con un fin superior, y lo más importante que se podía ofrecer a un ser humano. Por eso fundó Carrión, el primer Instituto de Salud del Perú, y la Universidad Norbert Wiener, la primera universidad en el país y Latinoamérica en obtener la certificación ISO 9001. Sus esfuerzos y afanes siempre estuvieron orientados a ofrecer oportunidades de desarrollo a los jóvenes peruanos bajo la conciencia de que el Perú necesitaba de profesionales formados con calidad.

Porque la visión de Alcibiades Horna Figueroa consideraba que la calidad es un imperativo ético en la educación, en la que no encajaban la improvisación ni el ensayo. Nunca dejó de aprender ni de enseñar; cada viaje y experiencia constituía para él, precisamente, un nuevo aprendizaje, una nueva oportunidad de innovación.

Fue un verdadero líder. Inspirador, impulsor, promotor, mientras permaneció al frente de las instituciones que fundó y dirigió mantuvo una interrelación constante con docentes y estudiantes, a quienes impulsaba a crecer y mejorar bajo el lema de “el cielo es el límite”. Su equipo hizo suya su pasión educativa; comprendió y recordó permanentemente que tenía el mejor trabajo del mundo: transformar vidas a través de la educación.

Esa es la verdadera obra de Alcibiades Horna Figueroa, alguna vez un joven médico cajamarquino que a fines de los años sesenta tuvo el sueño de cambiar la vida de los demás y lo convirtió en su fundamento y razón de ser hasta cumplirlo, y lo que le hizo acreedor, en la plenitud de su vida, del reconocimiento que su país le entregó: las Palmas Magisteriales en el Grado de Educador.

Su legado va más allá de su extraordinaria contribución a la A cademia y a la docencia, de su liderazgo en el instituto y la universidad que fundó. Su verdadera trascendencia ocurre cada día en cada profesional o bachiller técnico que supera sus propias expectativas gracias a una educación de calidad.

En tal sentido, expresamos nuestras profundas condolencias a su señora esposa, compañera y consejera en este derrotero, a sus hijas, Olga y Flor Horna Horna, quienes continúan su obra encabezando la presente gestión, a su familia, estudiantes y amigos de toda una vida.

Con nuestro eterno agradecimiento: ¡hasta siempre, maestro!

Atentamente,

La Universidad Norbert Wiener.

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